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jueves, 4 de octubre de 2012

TLC con EE.UU. tiene mercado potencial de US$6.000 millones.

Entrevista a Hernando José Gómez, jefe del equipo negociador.


¿Cuál es su balance inicial del TLC con EE.UU.?
El proceso exportador de nuevos productos no se da de un día para otro. Esperamos que se vayan fortaleciendo las tendencias. Por ahora, estimamos que, con las últimas cifras, tengamos un crecimiento del orden del 25 por ciento en productos no mineros y diferentes a los agrícolas tradicionales.
Es decir, manufactura y agrícolas no tradicionales. Productos muy variados: lácteos, metalmecánicos, confecciones y calzado se vienen comportando de forma positiva.
Le estamos apostando a generar una serie de negocios nuevos de sectores como el cosmético o el de plásticos, para dar solo dos ejemplos.
¿La desaceleración interna de la industria puede afectar los TLC?
Precisamente, los TLC se vuelven un instrumento poderoso para abrir nuevas alternativas y mercados preferenciales para que la industria se acelere.
Lo que estamos viendo, por el contrario, es que en ciudades como Barranquilla o Cartagena, las inversiones que se están atrayendo al sector industrial nunca se habían visto.
El incremento de la inversión extranjera directa mineroenergética se está concentrando en el Caribe, que se está convirtiendo en una plataforma exportadora hacia los países donde tenemos tratados.
¿Cómo han hecho para sortear el rezago en la infraestructura?
Debido a las restricciones que impone la infraestructura, el Caribe va a ser el que más va a aprovechar, a corto plazo, las oportunidades del TLC. Por eso se está presentando una relocalización de muchas empresas hacia allá. Igualmente, uno ve que hacia el Pacífico, donde las carreteras son relativamente buenas, excepto por ese pedazo de Buga-Buenaventura, también hay posibilidades inmensas.
Ciudades como Pereira, Manizales y Cali están muy cerca a los puertos.
¿Qué otras regiones serán estratégicas para aprovechar el TLC?
Estamos recorriendo el país. En Popayán miramos las fincas campesinas de aguacate tipo ‘haas’.
En la medida en que uno logre certificar buenas prácticas, y dedicarse a una serie de productos donde tenemos ventajas comparativas grandes y que son de gran valor importador para los Estados Unidos, podemos pensar que, a corto plazo, productos como la piña, el brócoli, y el limón tienen ya admisibilidad fitosanitaria en Estados Unidos.
La dinámica es evidente: ya se empiezan a realizar inversiones en el Norte del Valle, en el Cesar, en la meseta de Popayán. Comienza a haber inversiones empresariales interesantes y procesos clave, como el de la Corporación Colombia Internacional (CCI), para que asociaciones de campesinos empiecen a producir más bienes, más mora, más pimentón, más tomate. Y todo, pensando en mercados externos.
¿Es la oportunidad de sacar a flote las regiones?
El sector rural colombiano puede aprovechar la plataforma de acceso preferencial que tenemos con los tratados.
Solo en las prioridades que hemos identificado, hay mercados potenciales de más de 6.000 millones de dólares y estamos hablando solo del TLC con EE.UU.
Tenemos que generar unos procesos de poscosecha, de logística adecuada para poder llegar a esos mercados. Ya estamos trabajando con el Ministerio de Agricultura, con el ICA, con entidades como Corpoica y la CCI.
Esta dinámica dará muchas oportunidades para el sector industrial, pero también habrá beneficios para el sector agropecuario.
Pese al buen balance, también hay aspectos por corregir
¿Cuál es la zona que está subutilizada?
La Costa Oeste. Ahí tenemos muy poco. Esos mercados están subutilizados.
¿Cómo ha sido el control a cupos de importación?
Aquí hay que tener en cuenta que el tiempo fue muy corto.
El anuncio de que entraría en vigor el acuerdo se dio un mes antes. Aún así, hay que destacar la labor de la Dian. Montaron con eficiencia un esquema de control de cupos de importación en los puertos agrícolas. Con esto, aseguramos que no se puedan exceder los cupos establecidos en el tratado.
¿Cuál es la lección?
Siempre hubiéramos podido aprovechar mejor el tiempo entre el momento en que finalizamos la negociación en el 2004 y el momento en que se inicia la aplicación en el 2012, pero eso ya es ‘llorar sobre la leche derramada’.
¿Qué viene ahora?
Estamos ad portas de que salgan los decretos del Invima. Se le van a meter recursos al ICA para que podamos adelantar todos los procesos de admisibilidad de la carne.
Vamos trabajando con juicio, pero hay mucho trabajo por hacer, por ejemplo, en la Aduana, donde se intenta establecer el esquema para tener el servicio 7x24 en los puertos.

Extraído de www.portafolio.co

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